Por Helena Álvarez
Cristal miraba con una infantil locura al infinito. Sentía el dolor de sus cada vez más profundos cortes. Sonrió. Se estaba volviendo loca y lo sabía. Pero no hacía nada para evitarlo. Al fin y al cabo, ¿Qué podía hacer?
Se giró en su cama, y acarició su brazo, herido. Aún tenía las heridas abiertas, aunque ya no sangraban. Quería que sangraran, su sangre corriendo por su brazo era como sus lágrimas corriendo por su cara. Si lloraba, no había problema. Pero si no... su sangre lloraría una y otra vez a voluntad de Cristal y su cada vez más notoria locura. Y ahí residía el problema de Cristal, que ya no le quedaban lágrimas. No podía llorar pese al tremendo, asfixiante y constante dolor que sentía en su interior. Como una burbuja que no la dejaba respirar, como un nudo en la garganta que le pinchaba cada vez que tragaba, y que le recordaba que sin Carlos no podía vivir.
Pero Carlos se había ido, y tal vez no volvería nunca. Cristal lo había asimilado, pero no podía aceptarlo. Cada vez que pensaba que aquel podía ser el fin era como si le diesen un mazazo en el pecho. Y lo peor era que, probablemente aquel sí sería el fin.
Cristal intentaba mirar al futuro y ver que realmente, como le había prometido Carlos, su móvil sonaba indicando que él le estaba llamando para quedar. Necesitaba ver que no era un sueño, que no eran falsas esperanzas. Pero muchas veces no podía evitar mirar atrás y ver los maravillosos minutos que pasaba junto a él, acompañándolo hasta su coche. Y entonces volvía la necesidad de llorar, y como no podía, volvían los ataques, volvía la locura, y se encerraba en el baño con el cútex, esperando con ansia y una sonrisa ver como su sangre volvía a llorar por ella.
Cristal, 20/11/06
Cristal miraba con una infantil locura al infinito. Sentía el dolor de sus cada vez más profundos cortes. Sonrió. Se estaba volviendo loca y lo sabía. Pero no hacía nada para evitarlo. Al fin y al cabo, ¿Qué podía hacer?
Se giró en su cama, y acarició su brazo, herido. Aún tenía las heridas abiertas, aunque ya no sangraban. Quería que sangraran, su sangre corriendo por su brazo era como sus lágrimas corriendo por su cara. Si lloraba, no había problema. Pero si no... su sangre lloraría una y otra vez a voluntad de Cristal y su cada vez más notoria locura. Y ahí residía el problema de Cristal, que ya no le quedaban lágrimas. No podía llorar pese al tremendo, asfixiante y constante dolor que sentía en su interior. Como una burbuja que no la dejaba respirar, como un nudo en la garganta que le pinchaba cada vez que tragaba, y que le recordaba que sin Carlos no podía vivir.
Pero Carlos se había ido, y tal vez no volvería nunca. Cristal lo había asimilado, pero no podía aceptarlo. Cada vez que pensaba que aquel podía ser el fin era como si le diesen un mazazo en el pecho. Y lo peor era que, probablemente aquel sí sería el fin.
Cristal intentaba mirar al futuro y ver que realmente, como le había prometido Carlos, su móvil sonaba indicando que él le estaba llamando para quedar. Necesitaba ver que no era un sueño, que no eran falsas esperanzas. Pero muchas veces no podía evitar mirar atrás y ver los maravillosos minutos que pasaba junto a él, acompañándolo hasta su coche. Y entonces volvía la necesidad de llorar, y como no podía, volvían los ataques, volvía la locura, y se encerraba en el baño con el cútex, esperando con ansia y una sonrisa ver como su sangre volvía a llorar por ella.
Cristal, 20/11/06
5 comentarios:
weno weno wenooo. e leio la istoria y parece un poco triste xD pero weno.. esta muy bien..¿q lo a escrito helena? o lo a sacao de algun lao?
De su cabeza. O de su corazón. O de los dos.
Salio sin más, de la cabeza y del corazón, en un momento de locura ;)
Holaa! :D m a gstado muxo!, es k no habiade jado cmntario xk no m acrdaba d como XD
sta muy bn Helena! ^^
Namárië
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